viernes, 18 de marzo de 2011

DON MIGUEL AUGUSTO DEL ROSARIO. FUE UNO DE NUESTROS MEJORES MAESTROS EN EL COLEGIO "RICARDO PALMA" DE SURQUILLO.

Miguel Del Rosario
Imagínense la trayectoria de enseñanza que tuvo este gran maestro. Fue profesor de mis hermanos mayores en el querido Colegio Primavera, el 401 de MIraflores. Es decir, se inició como todos dando clases en la Educación Primaria. El año 1941 nos habían matriculado en el Primer Grado, pero el peligro del tranvía y la gran distancia desde la calle San Diego en Surquillo, hasta aquella esquina de Angamos con General Suárez en Miraflores, obligaron a mis padres, con toda razón, a retirarme del único centro de estudios que existía por aquellos tiempos para los "primariosos".

Pero está en nuestros recuerdos el profesor  Miguel Del Rosario que enseñaba al 5to. Grado y de él conversaban mucho nuestros mayores. Tuvo que ser en 1950, en la entonces Gran Unidad Escolar "Tomás Marsano", hoy el emblemático Colegio Nacional "Ricardo Palma", donde vuelvo a ver a este gran señor y nada menos que brindando "clases maestras" de Castellano. Su estilo, su voz llena de matices sonoros casi musicales y la elegancia de su vestir, lo convirtieron en la estrella de la enseñanza. Siendo todo el plantel una selección de exceentes educadores, Miguel Del Rosario fue nuestra inspiración en el buen hablar.

Fue un gran profesor.
Ya manifestábamos la vocación por ser locutor o artista del radioteatro. La vida, a la que debo mi profesión casi innata, me daba la mejor oportunidad de realizarme. Dos maestros de primera, el actor José Velásquez Quevedo, experto en Literatura y Arte y Miguel Augusto Del Rosario, la esencia en el buen hablar, se convirtieron en el mejor ejemplo a seguir. Como un regalo de Dios, ambos capturaban mi atención tal si estuviera frente a catedráticos  de la mejor universidad. Fue el profesor Salustio Maldonado Robles el que, con sus Actividades Educativas, nos abrió el camino seguro a seguir.

Realmente tuvimos suerte. Como era inauguración de la Gran Unidad Escolar con una reforma educativa jamás pensada, se eligió a los brigadieres de cada salón por méritos de ingreso. Así, el jovencito  Carlos Serván se convirtió en el alumno jefe del lro."C" y como tal, su representante en ocasiones especiales. Tuvimos el honor, con cinco brigadieres más, de escoltar y trasladar en nuestros hombros los restos mortales de la madre de Don Miguel Del Rosario al Campo Santo. Un discurso preparado de antemano por algún profesor, hizo que aquella nuestra juvenil voz leyera el mensaje de pesar del colegio en tan sentida ocasión.

Del Rosario, Víctor Vera Cubas y Ricardo Gaona
Nuestro destino estaba trazado. Les cuento que como brigadier jamás había abusado del cargo. Aquí una anécdota: Hubo la ausencia de un profesor y cerrando la puerta del aula nos dedicamos a "dar clases". Alguien dibujó en caricatura al profesor Del Rosario en la pizarra. Nosotros, imitando el estilo del maestro, pero con los pies sobre su escritorio, dábamos el espectáculo en medio de risas y festejos. ¡De pronto la puerta se abrió! Era justo el profesor que venía a recuperar una de sus clases perdidas. ¡Qué verguenza! Observó el dibujo en la pizarra, una "tortuguita sonriente", y me guiñó el ojo. No sabíamos donde escondernos.

"Ya tendrás ocasión de dictar tu clase en otro momento, nos dijo" y no pasó nada. Les advierto que era muy severo. Desde allí se agigantó mucho más nuestra admiración a este verdadero "mecenas" de la educación. Años más tarde y ya locutor, nos encontramos viajando en un colectivo con el profesor José Chiarella y él. Nuestra poca fama había trascendido y le expresé que se la debía a él. No aceptó esta cortesía y acotó que tenía que ver con aptitudes innatas nuestras y que se sentía satisfecho de haber colaborado en nuestra educación. Lo mismo le dijo a José Chiarella, su exalumno en el 401 y ya famoso entrenador de fútbol por esos años. "DON MIGUEL AUGUSTO DEL ROSARIO" fue nuestro mejor maestro. Gracias. 

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