domingo, 28 de marzo de 2010

¿CÓMO DESAPARECIERON LOS DINOSAURIOS?. ¡LA GRAVEDAD DE LA TIERRA!.

¡DINOSAURIOS!
Con el título de esta historia, cumplíamos en 1950 una tarea escolar. No recuerdo exactamente quien fue el profesor ni el curso en el que tratamos este tema. El resultado sería expuesto en una ceremonia especial con todo el alumnado presente. A nosotros, que no teníamos ni idea de como afrontarlo, se nos ocurrió aceptar el reto. Siempre nos gustó escribir y en nuestra vieja máquina de casa, tal como lo hago ahora frente al teclado de la computadora, nos arriesgamos a cumplir la misión.

Esta es una síntesis en la que exponemos lo que considerábamos una buena tesis. Siempre se habló de los dinosaurios y todos los mastodontes de la prehistoria. Aprovecharé que National Geographic sitúa a estos saurios, hace 67 millones de años atrás. Considerando esta cita, tenemos mayor la certeza de nuestra tesis. La gravedad de la Tierra era distinta a la actual y todo pesaba menos. Los que la habitaban volaban o flotaban. ¿Se imaginan?. Algo asi como estar en la Luna, nuestro satélite.

Machu Picchu
Se decía que lo de Machu Picchu no tenía explicación. ¿Cómo aquelllos seres humanos que no conocían la rueda, pudieron transportar las gigantescas piedras a tamañas alturas?. Me imaginaba en el Egipto de las famosas pirámides y viendo las películas fantasiosas con esclavos que perdían la vida con tremendo esfuerzo. Llegué a la conclusión de que sólo lo pudieron hacer, porque todo pesaba menos.  Para construir algo así, era necesario emplear grandes masas de piedra, inamovibles.

Tengan en cuenta que estas ideas, provenían de un colegial de 1ro. de Secundaria. Estábamos en la Gran Unidad Escolar "Ricardo Palma", nuestro emblemático Colegio de Surquillo. Teníamos sólo 15 años de edad y nos agradaba escribir locuras. Al Ingeniero Estremadoyro, aquel del Morro Solar, ya siendo locutor y en un programa de Pablo de Madalengoitia, le confié mi historia y asintió algo sorprendido. De pronto por quedar bien conmigo, aceptó que le parecía una buena tesis. Un gran señor.

Los gigantes de Tula. ¿Cómo
llegaron allí?
Agregué que en muchas pinturas rupestres, se exhibían hombres y animales volando. En los huacos y restos arqueológicos siempre se descubre elementos humanos en pleno vuelo. Todo sin explicación. Aquella piedra superpuesta en otra de gran dimensión o los monumentos de piedra mirando al mar, que nadie sabe cómo llegaron a ese lugar, sólo pudieron ser trasladados o erectos porque la gravedad de la tierra lo permitía. ¡De pronto, algo alteró todo!. La fuerza magnética creció y todo pesó más.

Es en ese cambio radical en el que los dinosaurios y todos los gigantes que habitaban la tierra, sucumbieron a su propio peso y allí quedaron para siempre. Pasaron los siglos y gracias a la arqueología, se descubrieron sus restos. Ganamos el concurso y hoy me encargo de desenterrar esta anécdota de nuestra vida escolar. Sin pretender la aceptación científica, la expongo para que Steven Spielberg realice otra de sus grandes películas. ¿o no?. ¡Todo puede hacerse realidad!. Ojalá se acuerden de nosotros. Gracias. 

jueves, 18 de marzo de 2010

"EL QUERIDO BARRIO DE SAN DIEGO EN SURQUILLO". ¡UNA NIÑEZ FELIZ!.

El querido barrio de San Diego es para nosotros la raiz de nuestra vida. Pasado el terremoto del 40, el Tte. Comisario Serván y su Barbarita de siempre, dejaron la calle Carmen en busca de la seguridad futura para su familia. Llegamos a esa quinta cuadra y la relación de amistad creció rápida. Los Valenzuela colindaban con nosotros. La esquina a la derecha mostraba el negocio de los Goya. Al frente destacaban los Caballero y los Del Pino. Más allá, la familia Montalvo y los Montalván.

Con el tiempo llegarían los Nakaya Nomura y allí aprendí una canción infantil del Japón: "Po po po, jato popó, mamenojochi yaru yaru yarudó, mamenojochi yaru yaru yarudó". Cómo olvidar a Iwau, Jogi, Kodó, Taeko, Nowaki y Kazugo con los que crecimos juntos. Don Francisco Goya, otro emigrante del Japón se casó con Dña. Florentina Villavicencio y sus hijos Carlos, Juán, Raúl e Hilda, están en nuestra memoria por siempre. Esta es parte de esa añorada época en mi Surquillo.

Rufino Valenzuela Ramírez, algo mayor que nosotros, llegó a doctorarse como médico y en esa etapa de infancia, nos regaló lo que siempre llevo conmigo: su amistad. Con Raúl Goya, "el chino", mantuvimos la calidez del muchachito que crece jugando a la pelota y prestándonos el cuaderno para cumplir con las tareas de la escuela. Evoco a Roque Cárdenas, un niño cajamarquino que caló en el barrio y se supo hacer querer. 
Supimos del trompo y las bolitas para "enñocar". No teníamos asfalto.

En nuestra cuadra era muy querido Don Leonidas Montalvo y su esposa María, padres de "Leoniditas", Carmen y Rosa. Su casa era compartida como carpintería y era el obligado a poner "los maderos" para los arcos de la cancha de futbol. Los cumpleaños de Leonidas Montalvo Pimentel, con "piñata" de por medio, eran un regalo para todos. Dulces y sorpresas y nuestra orquesta infantil con los peines y el papelito que los convertía en trompetas. Llegó a ser Juez y nos dejó hace pocos años.

La cuadra 6 con los Nuñez, los Matushita, los Chávez y los Abanto. Como dejar de nombrar a los Zúñiga y al flaco Fajardo, gran gorrero de tranvía y mi profesor en esta lid. Existía el "urbanito", una linea de omnibus que complementaba al Tranvía en su recorrido por Miraflores y Surquillo. De la calle Colina y en la que vivió Eduardo Márquez Talledo, se integraba a nosotros Carlitos Loayza, el inolvidable "pichicuy". ¡Qué peleas callejeras protagonizaba con Pasión Ramírez "Paco"! y sin ninguna razón.

Hoy evoco al Sr. Caballero, esforzado pintor y ejemplo de unión familiar. Su hermosa casita y muy bien pintada, lucía unos ventanales de vidrio que acababan por los suelos debido a los "peloteros". Cuando retorno a mi barrio de San Diego, sólo encuentro a "Gualo", Roberto Chávez y guardián vitalicio del Ciclista, nuestro cuadro de futbol. Ya dejó la peluquería, aquella de don Pedro Matushita y con él y nuestros sanos recuerdos, dejamos esta reseña de aquella niñez inolvidable. Gracias.

  

miércoles, 17 de marzo de 2010

UN AYER Y HOY EN LA VIDA DE JOSÉ CARLOS SERVÁN "EL SURQUILLANO".

César y yo con un tigrillo
en Ayacucho.
En alguna oportunidad les comenté que nací en Leoncio Prado 461 de Surquillo, casa que subsiste a pesar del tiempo transcurrido. Más tarde, por obligaciones del Comisario Serván, mi padre, nos trasladamos en "mancha" a Huaraz y donde nació mi hermano César. Asi era antes. La familia viajaba a donde iba el jefe. Por 1938, nuevamente retornamos a Surquillo pero a la calle Carmen. Allí nos sorprendió el terremoto del 40, con sus 8.02 de Richter. Ya comenté ese suceso. Todos mis estudios los realicé en Surquillo. Desde mis inolvidables Centros Escolares 401, "el Primavera", el 404, el del "Chato" en San Agustín, hasta el "Ricardo Palma", el emblemático que marcó mi vida.

Ni pensaba qué me
depararía la vida.
Anclamos finalmente en San Diego 566 y allí, gracias a la Srta. Obstretiz de apellido Pinedo, llegaron Luis Eduardo y Hernando, el último de los Serván que, en complicidad con Rosa Albarracín, han contribuído a generar 5 surquillanos más: José Luis el mayor, Daniel Alberto, Roberto "Tito", Iván "el terrible" y Carlos. Hice mi primera comunión en la Iglesia de San Vicente de Paul y nunca olvido al padre Daniel. El nos dio las pautas que debíamos seguir en nuestra vida futura y siempre ligados a Dios. Luego del catecismo, ayudaba al sacerdote en la tarea de alimentar con aire el fuelle que hacía sonar el órgano para la misa. Allí formé mis pantorrillas de tanto pedalear, pero estaba feliz, porque me permitía oír esos sonidos imborrables de la música que interpretaba el padre Daniel. Asi nació también  mi vocación musical.

El Teniente Guardia
Civil Ángel Serván Ch.
Cursaba el 2do. de primaria en el C. E. 4404 en una esquina de Huascar y San Agustín y era mi profesora, muy guapa ella, la Sra. Ibáñez. Muy tempranito fue la cita en el colegio. De allí, todos a la Iglesia  a cumplir con la confesión. Era un problema mayúsculo porque "no se debía mentir". No se si mi precocidad de charlar o mi poder de síntesis, hicieron que mi confesor se riera de mi confidencia. Le dije inocentemente que de los Diez Mandamientos, solo el QUINTO había evitado. Me regaló un caramelo. No pude cumplir con la penitencia porque lo único que recordaba era el Padre Nuestro, el Ave María y el Angel de la Guarda, como hasta hora. Así comulgué y llevo a Cristo en mi corazón por siempre. ¡Qué elegante y marcial lucía mi padre con su uniforme de Teniente de la Guardia Civil.

Mis tíos Lolo, Antonio y mi
querida madre Bárbara Meza
de Serván.
La única falla fue cuando me casé, al haber alquilado nuestro departamento en La Victoria. Mi cercanía a la emisora radial del mismo nombre donde laboraba, me alejó por primera vez de mi Surquillo querido. Llegaríamos luego a la Unidad Vecinal Nro. 3 y a San Eugenio en Lince. Finalmente, en la Urbanización Santa Isabel de Carabayllo. Cada vez que viajamos en la 13 o el "Rápido Nro. 5", mi mente recorre la historia de mi vida. Jamás dejé de visitar a mis padres y hermanos. Hoy que somos sólo 6, estamos más unidos que nunca y llego a San Diego para volver a vivir.

"El Hombre del
Acordeón".
Felicito y agradezco al Alcalde Gustavo Sierra Ortiz, por todo lo que hace por mi distrito y le deseo muchos éxitos. Espero algún día conocerlo y decirle que a pocos pasos del Municipio, existe una familia propiamente fundadora de Surquillo. Tengo mucho orgullo de haber nacido, crecido y educado en los colegios surquillanos y, gracias a ellos, ser lo que soy. Un locutor de la radio y la televisión. Un músico que llegó a amenizar con su acordeón y conjunto los mejores bailes de Lima y sigue en actividad. Ahora, "me la doy de escritor" con estas reseñas que viajan por Internet y tienen una regular aceptación. Vean "Locutores y Artistas en el Perú". A la izquierda les regalo una autofoto, que me tomé hace muchos años, con el acordeón brasilero que le adquirí a Carlos Manrique Carreño, por esos tiempos dedicado a las Clases Musicales e hicimos buena amistad.

La abuela Antonieta
y los nietos Alejandra
y Joaquín. ¡Mellizos!
Algo más y a modo de reconocer mi agradecimiento a la Dra. Patricia Pimentel Álvarez del Hospital Sabogal del Callao, mi oncóloga tratante y al Dr. Martín Colca que me operó y alejó el cáncer de mi vida. Seguimos en la lucha pero confiados en la grandeza de Dios. Un saludo y abrazo a mis amigos locutores y a los músicos que fueron mis acompañantes. A mis compañeros del Colegio Nacional "Ricardo Palma" de Surquillo y a todos los Serván que encuentro en Internet. Hay mucho pan que rebanar en esta vida y les agradezco haber atendido este "Ayer y Hoy" de un surquillano que se alimenta con la dulzura de sus nietos Alejandra y Joaquín, cada vez más grandes y graciosos. La abuela Antonieta no cabe en sí de felicidad. Escribimos tanto, que hacerlo con gran voluntad, ha resultado una buena terapia para nuestra curación. Si está viviendo algo similar a nosotros, pruébelo. Es un milagro. Gracias.


viernes, 12 de marzo de 2010

"EL TERREMOTO DE 1940". ¡LA EXPERIENCIA DE JOSÉ CARLOS!.

Terremoto del 24 de Mayo 1940. 
Me faltaban cuatro meses para cumplir los 6 años de edad. Mis recuerdos en esa casita de la calle Carmen en Surquillo, son agradables y ligados a la casi siempre costumbre de oír la radio. Aquella salita acogedora y ese receptor antiguo que me parecía mágico. Inocentemente hurgaba en busca de quienes hablaban y me los imaginaba unos seres pequeños dentro de esa caja de madera. Todavía se conserva en San Diego, con sus tubos y otros elementos que nos permitían sintonizar la radio del Perú y el extranjero. Ese era el panorama evocativo de mis primeros años y fue precisamente en 1940, el 24 de Mayo, cuando jugaba distraído en el comedor y empecé a sentir ese ruido que crecía y me aturdía.

El piso me desestabilizó con su ondear y me sorprendí de ver como todos los objetos caían y las paredes vibraban con tal intensidad que advertí, en una de sus esquinas, un desprendimiento que cayó estruendosamente al piso. La mente de este niño no estaba preparada para tal suceso y se podría decir que no tenía temor. Mi madre, que tomaba un baño en la ducha, apareció con una colcha cubriéndola y ante su grito de ¡Saquen a los chicos!, Albina, una buena mujer que nos cuidaba, me tomó de las manos y con César en brazos de mamá llegamos a la puerta de calle. Todavía existente el temblor, una polvareda no permitía observar nada. Las caras de terror de la gente completaba ese panorama de tragedia.

Mi padre en su trabajo y mis hermanos en el Colegio, ahondaban mucho más la preocupación de mi madre. Siempre hemos comentado con Antonieta, mi esposa, si aquel terremoto que marco 8.02 en la escala de Richter ¿fue mayor a los que sucedieron en todo el transcurrir de nuestras vidas?. La verdad es que si. Debo aclarar que Chorrillos sufrió el mayor impacto de destrucción. La mayoría de casas surquillanas, unas de construcción noble y otras de adobe, no soportaron el sismo. Sin embargo esa casita de la calle Carmen, en donde nos sorprendió el terremoto, se conserva  tan igual a la de 1940. Cada vez que paso por el lugar, siento nostalgia de mi niñez y esos sucesos.

El cementerio surquillano se vino abajo del todo. Recuerdo que cuando íbamos al colegio teníamos que sortear los ataúdes destruidos y que dejaban ver las osamentas  en macabras escenas. Nuestra niñez no nos dejaba pensar en esa triste realidad y con los amigos nuevos del barrio, "jugábamos" inocentemente. Los más curiosos nos sorprendían portando en sus manos fémures, cráneos y otros restos humanos que daban miedo. Desde allí se hizo costumbre asustar a los alumnos en el colegio primario, a modo de corregir malas actitudes, encerrarlos en el cuarto oscuro y que tenía como "inquilino" a una calavera. Peor aún, cuando una vela, dentro del cráneo humano,  causaba efectos espeluznantes.

Hoy con todo lo acontecido en Chile y los recuerdos de Ancash, desastres verdaderos y crueles, quien escribe esto como aficionado reseñador del pasado, debo admitir que la Naturaleza nos llama a la reflexión. Todo ese panorama de los cambios climáticos que nos presagian un final de la Tierra, gracias a Dios, lejano, debe inducirnos a volver a nuestras antiguas costumbres de hermandad y creencias. No cuesta nada amarnos los unos a los otros. A la juventud, mis mejores deseos y que recuerden que el Mundo seguirá siempre igual. Son muchos los que intimidan con presagios catastróficos a quienes no tienen fe en Dios. Inclusive, muchos creyentes, caen en los engaños y cambian de creencias religiosas. Gracias.


jueves, 11 de marzo de 2010

"DRA. PATRICIA PIMENTEL ÁLVAREZ". ¡MI MÉDICO TRATANTE EN EL "SABOGAL"!.

Quiero dedicarle esta reseña, a mi médico oncóloga la Dra. Patricia Pimentel Álvarez. Luego de mi exitosa operación al colon por el Dr. Martín Colca Ccahuana, dentro de ese laberinto que se creó en nuestro interior a causa del tumor maligno extraído, nuevamente apareció el otro Martín, mi amigo el Dr. Mondragón para recomendarme a Patty, porque así la trato hoy y justo cuando el 4 de Marzo, he cumplído dos años de haber sido intervenido en el Hospital Sabogal del Callao. ¡Gracias Martín de Porres!.

Retrocedamos a la primera cita. Acompañado de Antonieta, mi esposa, nos tocó luego de gran espera, conocer a esta dama de la medicina. Por ignorancia o no se qué, no me imaginaba que aquel pedazo de colon extraído fuera cancer. Me ha acompañado siempre en mi vida, mi cuota de buen humor pero, ahora la cosa era distinta. Llegábamos a esta primera cita con Patty, luego de tres meses de recuperación. Jamás me imaginé la cruda realidad de mi enfermedad. Hasta que llegué al consultorio.

Pequeña de estatura, finita y muy femenina, nos recibió con una alegría natural y tuve la sensación de ingresar a una fiesta. Unos momentos antes, una generosa dama me había impuesto la mano durante la espera y aseguraba que Cristo, me había sanado. Bromeando sobre el particular le dije a Patty que de pronto ya no era necesario el tratamiento. Me respondió: si lo crees y tienes fe, ¿por qué no?. Empezó a ojear mi historia y me felicitó, por cuanto no había metástasis. ¡Metástasis!... ¿Cómo dice Doctora?.

¡Yo sólo tengo un tumor maligno! y, sin darme tiempo a reaccionar, agregó: José Carlos, tu tienes cancer. ¿cancer?. repliqué. Quedé mudo, anonadado y Antonieta empezó a llorar. Con esa experiencia de médico tratante a cientos de pacientes, agregó: tienes una suerte envidiable; los ganglios están limpios y de acuerdo a tus exámenes y diagnóstico, existen muchas probabilidades de seguir disfrutando de tu vida. Lo único que harás de ahora en adelante, es seguir rígidamente el tratamiento.

Nos despidió con la receta de Farmacia y gracias a Dios, existían las cápsulas. Encomendándome a las almas benditas de mis viejos y mi suegra querida, empecé el tratamiento y en cuanto terminó la primera fase, retorné al consultorio y así, entre problemas propios de cada hospital, cumplí fielmente todo. Los meses pasaron raudos y luego de otros minuciosos exámenes, Patty, con su optimismo de siempre, me dio nueva cita y así, sucesivamente, han transcurrido estos dos años a su cuidado.

Ya lo ven. Esa confianza en mi doctora, me ha permitido ingresar a realizar estos blogs. Mi hija Zoila me obsequió su computadora y si estoy enfermo de algo, es de esta bendita adicción a escribir y reseñar con una gran receptividad de los navegantes cibernéticos. Un consejo: ría cuanto más pueda. No haga bilis por nada y  ame a todos. No odie e imíteme. Me lo va a agradecer, como igualmente le digo a Dios: ¡CRACIAS SEÑOR, POR HABERME PUESTO EN MANOS DE LA DRA. PATRICIA PIMENTEL ÁLVAREZ!.

viernes, 5 de marzo de 2010

"LA HISTORIA DE LA REDONDA". ¡Drama de nuestra niñez Deportiva!.

Anteriormente reseñaba al Club "Ciclista Alianza Miraflores" de mi Surquillo querido. Aquel que lucía los colores del Deportivo Municipal, con la franja roja cruzada sobre la camisa blanca y pantalones azules. Medias de color plomo, tirando a celeste y los "chimpunes Mayurí". Las canchas futboleras existieron en lo que hoy es la Urbanización Aurora. Le decíamos el campo de "La Estrella". Otros lugares fueron San Antonio de Miraflores y Barranco. Por supuesto, viajábamos al norte chico y ganábamos.

Cuando muchachitos de la categoría "calichines" nos enfrentábamos a otros barrios, el lugar de la cita era en "la redonda", una conjunción de esquinas en San Antonio y cuyas pistas formaban un gran círculo, optimo e ideal para las contiendas. En Ecuador, se llevaba a cabo el Sudamericano de Fútbol y a alguien se le ocurrió denominar a la "redonda" como "Guayaquil". Una tarde jugábamos los de San Diego, Inca y San Miguel, contra los chiquillos de Dante y Leoncio Prado. El choque era de candela.

San Antonio, recién se urbanizaba pero, los nuevos vecinos, y con justa razón, no nos permitían jugar. Paco Ramírez, Rául Goya, Roque Cárdenas, Carlos Loayza, Rufino Valenzuela, Enrique del Pino, Carlos Serván. Tomás "el cholo" y César Augusto, mi hermano, formábamos el cuadro. En pleno sol y sin importarnos nada, nos entregábamos a lo que hoy se denomina "fulbito". Yo era el arquero, tres años mayor que César y, además de que no me hicieran goles, tenía que cuidarlo. ¡Cosas de hermanos!.

Estábamos corriendo el 44 del anterior siglo. Y corríamos como unos condenados hasta que, ¡Oh sorpresa!. Por el Sur, aparecían velozmente tres policías. En el lado Oeste, otros más y por el Norte, "el patuto", ¡el carro patrullero!. El Este, era nuestra salvación. Requerimiento obligado: ¡trepar paredes!. Tarea fácil para los más grandes y yo, tenía que ¡salvar a César!. Acorralados como estábamos, no había forma de huir. Más de 20 muchachitos desesperados, en una confusión de pensamientos e ideas.

Aquel "foquito milagroso" se prendió. Miré a todos lados. Era cuestión de segundos. La policía nos cercaba y casi todos desaparecían por los techos. Guié a mi hermano a gran velocidad a una obra en construcción y le dije que "cargara" ladrillos. ¡Sólo podía con uno!... Yo, más grandecito, cargaba dos. La policía estaba cerca y me encomendé a "mi angel de la guarda". Un maestro albañil, me guiño el ojo y me pidió le llevara agua. Lo hice. Llegó un uniformado y los Serván, ¡se morían de miedo!.

Creo que recordé hasta cuando estaba en el vientre de mi madre. Volví a mi tarea de los ladrillos y, sentí una manos poderosas en mis espaldas. ¡Hay!, grité. ¡Me agarró la policía! Y, no era así. Se trataba del maestro albañil que, sonriente, festejaba con otros, nuestra nerviosa treta. Creo amigos, hoy después de tantos años pasadps, que ese policía "se hizo el loco". Siempre recordamos con César Augusto, esta anécdota de nuestra niñez. Hoy, "Guayaquil", es una zona residencial de San Antonio, en Miraflores.

jueves, 4 de marzo de 2010

¡EL CLUB "CICLISTA ALIANZA MIRAFLORES"... de SURQUILLO!.

La blanqui roja del
"Alianza Ciclista
Miraflores!
Conversaba con mi amigo de la infancia Roberto Chávez, más conocido como "Gualo". Cada vez que llego al barrio, aquel de mis primeros pasos y aventuras, lo recuerdo en su acogedora peluquería de San Diego, aquella donde nos cortábamos el pelo todos los del equipo. Siempre estaban presentes, el "pucha" Abanto y mi hermano Carlitos Loayza "pichicuy", un personaje de mucha chispa y que me sorprendió una vez, al entonar un bolero que compuse en épocas de mi juventud. Con pena digo: ¡Ya no está con nosotros!.

El original dueño del negocio fue Don Pedro Matushita, agradable ciudadano japonés que llegara con inmigrantes de su país y que aportó su trabajo y cultura. ¡Inolvidable!. Otros fueron los Nakaya, los Nakamatsu, los Goya, los Goga y los Watanave. La mayoría fue comerciante. Gente digna y sobresaliente. Sus hijos, fueron los que nacieron y crecieron en nuestra Patria y hoy, se puede afirmar, son verdaderos peruanos que sienten el amor al país y cantan con fervor  nuestro Himno Nacional. Hay muchos nietos.

Se luce el "Alianza
Ciclista Miraflores"
Con "Gualo", ahora retirado de las faenas del afeite y buen corte de pelo, nos enteramos del progreso que acompaña al Club "Ciclista Alianza Miraflores", institución dedicada especialmente al futbol. Ya cuenta con local propio y dos pisos muy bien amoblados para solaz de sus jugadores. Cuando se fundó. no existía Surquillo  y de allí que Miraflores se lleve los honores. El problema surge desde que "Manuel Masías, el alcalde miraflorino, lo quiso recuperar como al Mercado, Estadio y Cementerio surquillanos". La franja roji blanca estaba inspirada en la divisa del Deportivo Municipal del Perú y del River Plate de Argentina.

Fue fundado hace 75 años y está por celebrar en Julio sus Bodas de Diamante. Evoco con nostalgia a los Goya, Carlos, Juán y Raúl, que supieron sudar la camiseta. A "Calichín" Carlos Hidalgo, arquero de los buenos. A Guillermo Morinaga "la cabra"; a los Hnos. Núñez y en especial a Oscar, reciéntemente fallecido. Al "capi" Juán Burrel, entrañable amigo; a Eugenio Tapia "el cabezón", todos jugadores de buen dominio y otros, que sería largo enumerar. Se que el Dr. Alva, de la "U", jugó por nuestro club.

Fue el número de Carlos
Goya Villavicencio.
El "Ciclista", como también se le conoce, fue originalmente una asociación de trabajadores muy utilizados en las faenas del reparto del pan y otros menesteres, en triciclos y bicicletas. Su flamante local, está ubicado en la calle Inca 184 de Surquillo. Es sobreviviente a una gran cantidad de clubes y esto se debe a la voluntad y apoyo de generosos socios, como Roberto Quispe, Amos López, Carlos Portocarrero y Nicolás Bravo, este último, grande entre los grandes del barrio. Fue un mecenas y nadie lo olvida.

Como anécdota les contaré que, en un partido de entrenamiento, jugué de puntero derecho y Alberto Ardiles, el popular "chatosqui", me anuló de tal manera, que me dediqué a locutor. El, con Roberto Chávez, han presidido ultimamente el Club. Lástima que estén en Tercera División pero, no es tarde para enmendar.  EL "CICLISTA ALIANZA MIRAFLORES"... de SURQUILLO",  sigue siendo el Club de mi juventud y espero, Dios mediante, con los que quedamos, celebrar los 75 al lado de los nuevos. Gracias.