miércoles, 17 de marzo de 2010

UN AYER Y HOY EN LA VIDA DE JOSÉ CARLOS SERVÁN "EL SURQUILLANO".

César y yo con un tigrillo
en Ayacucho.
En alguna oportunidad les comenté que nací en Leoncio Prado 461 de Surquillo, casa que subsiste a pesar del tiempo transcurrido. Más tarde, por obligaciones del Comisario Serván, mi padre, nos trasladamos en "mancha" a Huaraz y donde nació mi hermano César. Asi era antes. La familia viajaba a donde iba el jefe. Por 1938, nuevamente retornamos a Surquillo pero a la calle Carmen. Allí nos sorprendió el terremoto del 40, con sus 8.02 de Richter. Ya comenté ese suceso. Todos mis estudios los realicé en Surquillo. Desde mis inolvidables Centros Escolares 401, "el Primavera", el 404, el del "Chato" en San Agustín, hasta el "Ricardo Palma", el emblemático que marcó mi vida.

Ni pensaba qué me
depararía la vida.
Anclamos finalmente en San Diego 566 y allí, gracias a la Srta. Obstretiz de apellido Pinedo, llegaron Luis Eduardo y Hernando, el último de los Serván que, en complicidad con Rosa Albarracín, han contribuído a generar 5 surquillanos más: José Luis el mayor, Daniel Alberto, Roberto "Tito", Iván "el terrible" y Carlos. Hice mi primera comunión en la Iglesia de San Vicente de Paul y nunca olvido al padre Daniel. El nos dio las pautas que debíamos seguir en nuestra vida futura y siempre ligados a Dios. Luego del catecismo, ayudaba al sacerdote en la tarea de alimentar con aire el fuelle que hacía sonar el órgano para la misa. Allí formé mis pantorrillas de tanto pedalear, pero estaba feliz, porque me permitía oír esos sonidos imborrables de la música que interpretaba el padre Daniel. Asi nació también  mi vocación musical.

El Teniente Guardia
Civil Ángel Serván Ch.
Cursaba el 2do. de primaria en el C. E. 4404 en una esquina de Huascar y San Agustín y era mi profesora, muy guapa ella, la Sra. Ibáñez. Muy tempranito fue la cita en el colegio. De allí, todos a la Iglesia  a cumplir con la confesión. Era un problema mayúsculo porque "no se debía mentir". No se si mi precocidad de charlar o mi poder de síntesis, hicieron que mi confesor se riera de mi confidencia. Le dije inocentemente que de los Diez Mandamientos, solo el QUINTO había evitado. Me regaló un caramelo. No pude cumplir con la penitencia porque lo único que recordaba era el Padre Nuestro, el Ave María y el Angel de la Guarda, como hasta hora. Así comulgué y llevo a Cristo en mi corazón por siempre. ¡Qué elegante y marcial lucía mi padre con su uniforme de Teniente de la Guardia Civil.

Mis tíos Lolo, Antonio y mi
querida madre Bárbara Meza
de Serván.
La única falla fue cuando me casé, al haber alquilado nuestro departamento en La Victoria. Mi cercanía a la emisora radial del mismo nombre donde laboraba, me alejó por primera vez de mi Surquillo querido. Llegaríamos luego a la Unidad Vecinal Nro. 3 y a San Eugenio en Lince. Finalmente, en la Urbanización Santa Isabel de Carabayllo. Cada vez que viajamos en la 13 o el "Rápido Nro. 5", mi mente recorre la historia de mi vida. Jamás dejé de visitar a mis padres y hermanos. Hoy que somos sólo 6, estamos más unidos que nunca y llego a San Diego para volver a vivir.

"El Hombre del
Acordeón".
Felicito y agradezco al Alcalde Gustavo Sierra Ortiz, por todo lo que hace por mi distrito y le deseo muchos éxitos. Espero algún día conocerlo y decirle que a pocos pasos del Municipio, existe una familia propiamente fundadora de Surquillo. Tengo mucho orgullo de haber nacido, crecido y educado en los colegios surquillanos y, gracias a ellos, ser lo que soy. Un locutor de la radio y la televisión. Un músico que llegó a amenizar con su acordeón y conjunto los mejores bailes de Lima y sigue en actividad. Ahora, "me la doy de escritor" con estas reseñas que viajan por Internet y tienen una regular aceptación. Vean "Locutores y Artistas en el Perú". A la izquierda les regalo una autofoto, que me tomé hace muchos años, con el acordeón brasilero que le adquirí a Carlos Manrique Carreño, por esos tiempos dedicado a las Clases Musicales e hicimos buena amistad.

La abuela Antonieta
y los nietos Alejandra
y Joaquín. ¡Mellizos!
Algo más y a modo de reconocer mi agradecimiento a la Dra. Patricia Pimentel Álvarez del Hospital Sabogal del Callao, mi oncóloga tratante y al Dr. Martín Colca que me operó y alejó el cáncer de mi vida. Seguimos en la lucha pero confiados en la grandeza de Dios. Un saludo y abrazo a mis amigos locutores y a los músicos que fueron mis acompañantes. A mis compañeros del Colegio Nacional "Ricardo Palma" de Surquillo y a todos los Serván que encuentro en Internet. Hay mucho pan que rebanar en esta vida y les agradezco haber atendido este "Ayer y Hoy" de un surquillano que se alimenta con la dulzura de sus nietos Alejandra y Joaquín, cada vez más grandes y graciosos. La abuela Antonieta no cabe en sí de felicidad. Escribimos tanto, que hacerlo con gran voluntad, ha resultado una buena terapia para nuestra curación. Si está viviendo algo similar a nosotros, pruébelo. Es un milagro. Gracias.


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