miércoles, 24 de febrero de 2010

"EL 401" DE PRIMARIA. NUESTRO "COLEGIO PRIMAVERA". ¡QUÉ NOSTALGIA!

"Promoción 1949". Arriba: Serván, Ardiles, Melgar, Flores, 
Arriola, Aguilar, Garay y Mendoza. Siguiente: Ponce, Flores, 
Lewis, Esquerre, Ramírez, Herrera, Limo y Quintana. Siguiente: 
Morocho, Garay, Sánchez, otro Sánchez, Pinto, Sánchez, Flores
 y otro Flores. De rodillas: Coronado, Delgado, Zafra y Sulca.
Era muy niño cuando ingresé a la educación primaria. "El Colegio Primavera o 401" en Angamos, Miraflores, donde igualmente estudiaron mis hermanos Angel y Sócrates, fue testigo de mis inicios como escolar. La distancia desde mi hogar surquillano hasta su local era grande. Iba acompañado de Raúl Goya Villavicencio, de más calle que y miembro de una querida familia del barrio. Para superar los kilómetros recurríamos al tranvía y nos convertímos en "gorreros". Antes escribimos "¿Existe el Angel de la Guarda?". Es una reseña que refleja el peligro al que nos exponíamos cuando niños. Dejemos eso de lado y vayamos a la nostalgia.

Nuestro primer año y teníamos el complejo de los "pantalones cortos". Casi todos los chicos usaban de los largos, como mis amigos del barrio. Mi familia era muy conservadora y Barbarita, mi madre, le gustaba que su hijo vistiera como los niños "decentes". Allí conocí a Reynaldo Naranjo García, un precoz poeta y cuya poesía se publicaba en el mural como "La Abeja". Con los años de la vida se convertiría en un destacado hombre de letras y verdadero escritor con César Calvo y otros. Lo he admirado siempre y hoy estoy violando su mundo con estos intentos míos de escribir. Es al que más recuerdo de ese primero de primaria.

Luego, mi padres, al haberme convertido en "vaquero" y al peligro de exponernos a los tranvías, optó por cambiarnos al Centro Escolar 4404 de la calle San Agustín y cuyo director fuera "el chato" Zegarra. Tuvimos que repetír el año, pero con la profesora Mercedes Filomeno, gran educadora, y a quien debo mi amor a esta vocación de reseñar. Inolvidable maestra como también lo fueron la profesora Ibáñez en el segundo año y la Sra. Gamio en tercero. No es muy grato evocar a la profesora Boiset, demasiado enérgica y amante de arrodillar durante todo el tiempo de clases a los "tardones" y a los que no cumplíamos con  las tareas. 

Retornaríamos al "401" para cursar el 4to. año. Mi maestra fue Rosa Gil de Pareja, una educadora de vocación y nuestra segunda madre para todos. Ya no usaba "los pantalones cortos" y era frecuente "chocarla para la salida", es decir, resolver a puño limpio nuestras rencillas. En esto era diestro el "flaco" Luyo para acabar a cabezazos al rival. Por imitarlo recibí muchas palizas, pero aprendimos. El ring aquel se convertiría en el actual "Zanjón", gran obra de Bedoya Reyes. Admirábamos por sus buenas pantorrillas a la profesora Zoila Arata. Otros queridos profesores del "401" fueron Don Justo Villafana "Chupito", Miguel del Rosario y el maestro Hurtado.

Recuerdo a José Chiarella, surquillano de la González Prada, que fue buen futbolista profesional, haciendo sus pinitos de entrenador. Tuvimos muchos años después la satisfacción de amenizar el cumpleaños de su esposa como "El Hombre del Acordeón". ¡Cómo olvidar al querido "chino" Jiménez, nuestro profesor de 5to. grado y guía de nuestras visitas a los museos y al Jardín Botánico. La famosa "Huaca Juliana". ¿Por qué le cambiaron el nombre? Eran tardes de primavera e íbamos a volar cometas a todo color, confeccionadas por nosotros mismos. La celadora Susanita, Peralitos, el profesor Tenorio y "Pablo" el portero y su kiosko de bizcochos y golosinas.

Y hubo también un 6to. grado y otro inolvidable maestro: Don Moisés Neyra, "el Peta", muy parecido a un luchador de "cachascán" y de allí su "chapa". El Director del "401" fue Don Angel Fernández Dávila, "el carioco" y otro querido maestro que se nos fue su nombre. ¡Qué mala costumbre de apodar a los profesores!. Habrá ocasión de volver y reseñarles algo más. Lo importante, es haber recordado al "401", "El colegio primavera" que continúa en General Suárez haciendo esquina con la Av. Angamos.  ¿Recordará la juventud de hoy a sus maestros? Los nuestros fueron inolvidables y tenían vocación para ello. Con todo nuestro afecto: Gracias.

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