miércoles, 13 de julio de 2011

!SE FUE EL NEGRO "MUNDO". NOTA DE JUSTO LINARES CHUMPITAZ.


Venimos en este instante del cementerio de Surquillo, de depositar en su morada eterna los restos de quien en vida fuera Edmundo Quiñónez Unanue, “El negro  mundo”. Con él se ha ido buena parte de la historia de Surquillo, suelo al cual llegó cuando nuestro distrito era un embrión de pueblo, en 1929. Una verdadera multitud se dio cita en la despedida final, convocada por quien fuera una buenísima gente. En el recuerdo permanecerá por siempre un hombre honrado que vivió sus 88 años pegados a la Ley y al Orden, haciendo Patria a base de buenos puños y mejores shots y como fundador de una familia de deportistas en donde brilló su hijo Marcelo, campeón de box a nivel mundial. 

De esa sangre fue Leopoldo, el hermano de Edmundo, crack del fútbol que triunfó en Colombia y México y que, al volver a Surquillo, abrió el bar “Tómate la otra” en la esquina de San Carlos con Dante, en 1954. Leopoldo instaló allí la primera rockola, la novedosa “última maravilla” de la electrónica de entonces.Le recordaremos siempre porque sin que nadie se lo pidiera, solía entrar a los salones de billar para sorprender a los menores de edad que merodeaban por allí. Estuve entre quienes, a buena hora, nos sacó de las orejas del billar que quedaba al costado del cine Surquillo, en el jirón Huáscar. Sólo estaba permitido entrar a partir de lo que entonces era edad ciudadana, a los 21 años.


Precisamente recuerdo que apenas cumplimos los 21, lo primero que hice fue concurrir al bar del “negro mundo”, en la calle Leoncio Prado 449, para tomarme unos tragos inaugurando mi mayoría de edad. Ansiaba darle cuenta a “mi tío mundo” que yo ya era “maltoncito”. Edmundo virtualmente atendió su negocio hasta el límite de su existencia. Era un bar pequeño, chapado a la antigua,  refugio de la nostalgia surquillana. Íbamos a escuchar acerca de los partidos de la primera hora del fútbol del distrito, en donde tuvieron fulgor de estrellas los hermanos Carlos y Pedro Moscoso (el primero de ellos, primer capitán de las selecciones peruanas, en 1927); los hermanos Roberto, Julio y Ernesto “Chicha” Morales; los hermanos Trigo—todos ellos, junto con el inolvidable Jorge Gorrio, de la vecindad del bar del negro mundo. 

Ese era el lugar donde se narraban las grandes trompeaderas, a puño limpio, de Edmundo y, entre otros, de Gastón Bullón Frías, considerado como el más grande trompero surquillano de siempre. Le hemos despedido como él hubiera dispuesto. Con sus amigos de siempre, encabezados por Héctor “el mocho” Sotil, ahora cargando traviesos 90 años. Con la presencia en el velorio de la primera autoridad distrital, el alcalde Gustavo Sierra. La Municipalidad brindó la escolta de sus vehículos del Serenazgo para abrir paso al cortejo fúnebre de este gran hombre. Se ha ido, entre  cánticos religiosos, un miembro de la Quinta Cuadrilla del Señor de Los Milagros de Las Nazarenas, fundador y capataz general de la Hermandad de Barranco. 

Allí estaban presentes sus hijos Juan, Marcelo y Malena; los ocho hermanos de Edmundo, encabezados por Miguel. Los muchachos de los años 50 que formaron en el “Surquillo FBC” de Miguelito Loayza, con su capitán Rodolfo Angulo. Al pie de su tumba, en el Pabellón “San Carlos”, nicho D-15, un grupo criollo interpretó antiguas coplas que tanto gustaban al rey del puñete. Allí juntaron sus voces, guitarras y cajón, Michel Urbano, primera voz de “Los Chamas”, Ernesto Ramírez, Percy Flores y Miguel Palma. Surquillo no será más el pueblo de siempre, sin su viejo celador y guardián de sus prestigios. Ponemos en duda que pueda abrir sus puertas un bar que sirvió no como negocio para su propietario, sino como el lugar propicio para dar rienda suelta a la amistad. 



"Una lágrima sobre su tumba. Una oración para su alma"
Esta nota fue publicada por el periodista surquillano Justo Linares Chumpitaz el 5 de Noviembre de 2009

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