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martes, 27 de julio de 2010

¡FELICES FIESTAS PATRIAS SURQUILLO!.

¡VIVA EL PERÚ!.
El 24 pasado me di un baño de Surquillo. Como lo anunciáramos oportúnamente, se dió la cita de varias promociones egresadas del Colegio Nacional "Ricardo Palma". Un reencuentro con viejas amistades y otras nuevas, pero viejas igualmente. Permítanme que tome con humor esta reseña y los invite a brindar por este 28 de Julio, con el trago risueño de la esperanza. No de la Esperanza que vendía "maní tostao" en el Leoncio Prado, aquel cine de nuestro barrio y cuyo local lo han desaparecido desde sus raíces, no. Que sea con esta copa sincera, llena de anhelos de poder volver a vivir, todo lo bueno que pasó en nuestra existencia.

Y lo bueno fue tan sencillo, como el jugar en la calle. ¡Qué de "cocachos" recibimos por dejar sin parejas a las medias de mamá!. ¡Eran excelentes para la pelota de trapo!. Las escobas se achicaban para fabricarnos el bateador y la minúscula pieza que volaba cuando acertábamos con el golpe. No recuerdo sus nombres. Lo que si, las ventanas rotas de casa del Sr. Caballero, un pintor coloradito que no dejaba a Jorge, su hijo, a juntarse con los "mataperros" del barrio. Hoy, no se hubiera consentido tal abuso, porque existen los caros Derechos del Niño. Además, ya innecesarios, porque nadie juega en las calles como lo hicimos nosotros.

El ingenio que nos permitía divertirnos sin juguetes. El "Yan Ken Pó". Perteneciente a la serie de inventos realizados por los más pobrecitos. Sólo utilizábamos nuestros deditos. Las "tijeras" le ganaban al "papel" y perdían ante "la piedra". La hermanita de Rufino jugaba con su "muñeca" y ¡cómo se divertía!. Cerraba su manita y la movía indistintamente sin zafarla del brazo. No necesitábamos de "tablas de cálculo". Siempre los dedos tenían ocupación. y con gran destreza nos ayudábamos a resolver los problemas de cálculo. Todo era cuestión de ingenio y darle ocupación a toda hora a nuestro inteligente cerebro.

Si dentro del aula alguien nos ofendía, con sólo extender el brazo y juntar los meñiques de los involucrados, había pelea de gran nivel a la hora de salida. Nada de juegos mecánicos. ¿Se acuerdan del "lingo"?. Uno se plantaba a lo largo de la vereda y, haciendo su colita, todos saltaban sobre él y como buena gente que éramos, le regalábamos "combo y patada". Y no costaba nada. ¡Otra más!. El juego del "mundo". Luego de comernos un platanito, la cáscara era lo ideal para arrancar la partida y saltar sobre una especie de cruz en la pista y marcada con sus correspondientes casillas. Gozábamos sin juguetes y sin tarjeta de crédito.

El plátano. ¡Qué rica fruta!. Servía hata de "betún". Estaba prohibida la entrada al colegio con los zapatos sucios. Una pasadita a ambos y quedaban brillantes y relucientes. Hasta para pactar peleas éramos muy ahorrativos. ¿Quién pisa la "babita"?. Y todo estaba resuelto. A la hora del recreo, jugábamos a la "pega". Tras un correteo incansable, un manotazo en la espalda y "tu la llevas". Para "cirear" a una chica, no había necesidad de palomitas de maiz. Bastaba un "guiño" y ¡yá estaba!. Se convertía en tu chica y para siempre. Un hilo en el anular de ambos como aro de compromiso y era pacto de amor para toda la vida.

Cuando no había para "la cazuela" del cine y en función de noche, una sábana blanca era el ecran y las manos y dedos se convertían en actores. Proyectábamos las sombras y aparecían gatos, perros, palomas y todo lo que nuestra destreza nos permitía crear. Este espectáculo se hacía al aire libre y para gran cantidad de gente. ¿Existía o no talento para la creatividad?. ¡Sí!. Spielberg quedaba chico ante nuestra imaginación. Por eso adoro a mi Surquillo. Por estos recuerdos gratos y memorables momentos de una infancia feliz. Tengan Uds. las mejores Fiestas Patrias, siempre unidos en familia y amistad,. Gracias.

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