
La verdad que mi reacción fué tardía. Me vi de pronto ante aquella gigante máquina y, paralizado, no atiné a nada. La sirena sonaba y el motorista, quien sabe irresponsablemente, aceleraba como para asustarme. Frenó con gran estridencia pero era dificil detener el vehículo. ¿Qué pasó?... Como enviado del cielo, un soldadito de nuestro ejército con su verde uniforme y cual super hombre en acción, me tomó en sus brazos y se arrojó a un lado, cayendo ambos en medio de una acequia que bordeaba los rieles.