viernes, 24 de diciembre de 2010

LA NAVIDAD EN MI SURQUILLO QUERIDO, ES ¡PURA TRADICIÓN!.

Permítanme evocar mi niñez. Nací en 1934 en la calle Leoncio Prado y en cuya casita, que aún existe, aprendí a dar los primeros pasos y decir las medias palabras para regocijo de mis padres. Más allá, en Huascar, estaba la tienda de Don Enrique Chang, querido amigo de la familia y muy apreciado por la vecindad. Con la Sra. Emilia Portilla, formaron un matrimonio perfecto. De esa unión nacieron Enrique y Carlos, dos profesionales que los llenaron de orgullo y que destacaron en el mundo de las Leyes y el Periodismo.

¡Cómo olvidar a doña Emilia! Tocaba el piano y era deleite para mis oídos. Don Enrique fue ciudadano chino y su dama, descendiente de esa raza trabajadora por parte de madre, casada con ciudadano peruano. Eran muy frecuentes las visitas de nuestras familias y, a través del tiempo, continuaron periódicamente. Quizá allí, aquel germen musical de doña Emilia, se posicionó  y brotó muchos años después. Muchas Noches Buenas y Años Nuevos, fueron celebrados con la presencia de mis padres, Barbarita y Angel. 

El tiempo pasó y de Leoncio Prado nos mudamos a la calle Carmen. Quizá tendría 5 años y también con los Morey, otra familia vecina en la misma casa, recuerdo con absoluta claridad el chocolate y el nacimiento del ahora tradicional panetón italiano. Don Manuel Migone, dueño de la panadería "La Nacional", esquina de Dante y Leoncio Prado, los hacía con la original fórmula de sus ancestros. No existían los juegos de luces que hoy disfrutamos pero sí, los farolitos chinos y los cohetecillos de la misma procedencia.

En 1940 sucedió el terremoto, hecho que comenté en anterior reseña. Quizá eso motivó que nuestros padres adquirieran el terreno de la calle San Diego, a cuyos lares llegué a los 7 años. Luego de aprender las primeras letras con mi hermana María, nos iniciamos colegialmente en "el 401" dirigido por Don Angel Fernández Dávila, apodado "el carioco" o en el otro centro escolar 4004 del "chato" Zegarra. En este último hice mi Primera Comunión y recibí una pelota de jebe como obsequio navideño. ¿Qué recuerdos!

Ëpocas del tranvía que tenía su factoría cerca a la Av. Primavera, en Recavarren, donde "gorrear" fue parte de nuestras costumbres. Mis amigos recordarán "el urbanito", una linea de Omnibus que antecedio a la 9 y que tenía su estación en la calle Dante, con mecánicos que se encargaban de su mantenimiento. Una vez mi padre, Teniente de la Guardia Civil y yo a su lado, bajamos de uno de estos vehículos y advirtió haber dejado su maletín, con el dinero destinado al pago del personal a su cargo. ¡Qué tragedia!

Retornó a la estación y, pese al tiempo transcurrido, alguien lo entregó a la administración. Feliz de esta recuperación del dinero, justo en Navidad, fue el regalo que más recordaba en vida mi padre. La honradez existía plenamente en esos tiempos. Y llegarían los "nacimientos" y "bajadas de reyes" en ese Surquillo de mi juventud y aventuras. ¡FELIZ NAVIDAD, SURQUILLO! Siempre recordando a quienes se fueron y a los pocos que hoy tenemos el gusto de ver y compartir estas evocaciones. Gracias.

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